El libro que nunca terminamos también cuenta una historia
¿Te sientes culpable por abandonar un libro? Descubre por qué los DNF también forman parte de nuestra historia como lectores y aprende a dejar ir una lectura sin culpa.
REFLEXION
9/17/20265 min read
DNF viene de Did Not Finish, una expresión utilizada por los lectores para referirse a un libro que comenzaron, pero decidieron no terminar.
Y puede ocurrir por muchísimas razones.
Quizá la historia no consiguió atraparnos. Tal vez los personajes no nos dijeron nada. Puede que el ritmo nos pareciera demasiado lento o que, sencillamente, no fuera el momento adecuado para esa lectura.
A veces incluso empezamos un libro que, sobre el papel, debería encantarnos.
Tiene un tropo que nos fascina. Una autora que adoramos. Una premisa que llevaba meses llamándonos la atención.
Y aun así…
No funciona.
Lo curioso es que muchas veces sentimos que necesitamos una razón suficientemente importante para abandonarlo.
Como si un libro tuviera que ser objetivamente malo para que nosotros pudiéramos dejarlo.
Pero no.
No necesitamos demostrar que un libro es malo para admitir que no es para nosotros.
Y esa diferencia puede cambiar por completo nuestra relación con la lectura.
¿Cuando un libro se convierte en un DNF?
Hay libros que recordamos por la historia que nos regalaron.
Recordamos dónde estábamos cuando leímos aquella última página, el personaje que se quedó con nosotros durante semanas, una frase que subrayamos tantas veces que terminó por convertirse en nuestra favorita. Recordamos los libros que nos hicieron llorar, reír, enamorarnos o quedarnos despiertos hasta altas horas de la noche porque necesitábamos saber qué iba a suceder.
Pero también existen otros libros.
Los que empezamos con ilusión y dejamos a la mitad.
Los que permanecen en nuestra estantería con un separador todavía atrapado entre sus páginas. Los que descargamos con todas las ganas del mundo y terminamos abandonando en el capítulo diez. Los que quizá retomamos meses después para volver a dejarlos en pausa.
Los famosos DNF.
Y, aunque durante mucho tiempo pueda parecer que abandonar un libro significa fracasar como lector, quizá también deberíamos aprender a mirar esos libros de otra manera.
Porque el libro que nunca terminamos también cuenta una historia.
El DNF también nos enseña a conocernos
Creo que una de las cosas más difíciles de hacer como lector es cerrar un libro sin llegar a la última página.
Hay una pequeña voz que aparece inmediatamente:
“Ya lo empezaste, deberías terminarlo.”
“Solo te faltan unas páginas.”
“¿Y si después mejora?”
“Quizá estás abandonándolo demasiado pronto.”
Y entonces seguimos.
Leemos diez páginas más.
Luego otras diez.
Hasta que aquello que debería ser un momento de descanso comienza a sentirse como una obligación.
Y quizá ahí está el problema.
Convertimos la lectura en una lista de cosas que tenemos que terminar.
Un libro leído parece un logro.
Un libro abandonado, en cambio, puede sentirse como una deuda pendiente.
Pero leer no debería funcionar así.
No tenemos que terminar todos los libros que empezamos para demostrar que somos lectores.
No existe una medalla por llegar a la última página de un libro que no estamos disfrutando.
Y tampoco tenemos que sentirnos culpables por proteger nuestro tiempo.
Porque el tiempo que pasamos leyendo también es nuestro.
La culpa de abandonar un libro
Hay una idea que me gusta mucho cuando hablamos de DNF:
un libro puede ser bueno y aun así no ser nuestro libro.
Puede estar maravillosamente escrito.
Puede tener personajes interesantes.
Puede haber miles de lectores que lo adoren.
Puede incluso convertirse en uno de esos libros que aparecen constantemente en nuestras recomendaciones.
Y nosotros podemos leerlo y pensar:
“No es para mí.”
Y está bien.
No todos conectamos con las mismas historias porque tampoco buscamos lo mismo en ellas.
Hay momentos en los que necesitamos una historia ligera y divertida. Otros en los que queremos sufrir con un romance imposible. A veces buscamos personajes complejos, otras simplemente queremos enamorarnos de un protagonista ficticio y olvidarnos durante unas horas de todo lo demás.
Nuestro estado de ánimo también lee.
Nuestra vida también entra en las páginas.
Y por eso un libro que no funciona hoy podría haber funcionado para nosotros hace dos años.
O quizá funcione dentro de cinco.
O quizá nunca lo haga.
Todas esas posibilidades son válidas.
No todos los libros son para nosotros
No todos los DNF son despedidas definitivas.
Hay libros que abandonamos porque simplemente no estábamos en el momento adecuado para leerlos.
La historia puede ser exactamente lo que buscábamos, pero nosotros no estábamos preparados para ella.
Quizá necesitábamos otra cosa.
Quizá nuestra atención estaba en otro lugar.
Quizá llevábamos semanas leyendo historias similares y necesitábamos cambiar completamente de género.
O quizá simplemente no teníamos ganas.
Y no deberíamos subestimar esa última razón.
No tener ganas también es una razón válida.
La lectura es una experiencia íntima. No siempre tiene que responder a una lógica.
Podemos abandonar un libro hoy y regresar a él dentro de seis meses.
Y cuando lo hagamos, quizá descubramos una historia completamente diferente.
No porque el libro haya cambiado.
Sino porque nosotros sí.
También existe el “no es el momento”
Hay algo curioso en abandonar libros: a veces conocemos mejor nuestros gustos gracias a las historias que no terminamos que gracias a aquellas que devoramos.
Un DNF puede enseñarnos que determinado trope ya no nos interesa.
Que cierto tipo de protagonista nos desespera.
Que necesitamos un ritmo más rápido.
Que no disfrutamos las narraciones en primera persona.
Que cierto tipo de conflicto ya no nos emociona.
Que preferimos historias autoconclusivas.
Que estamos cansados de leer siempre el mismo tipo de romance.
O simplemente que ahora queremos probar algo diferente.
Cada libro que dejamos atrás puede convertirse, de alguna manera, en una pequeña pista sobre nosotros mismos.
Una forma de decir:
Esto sí me gusta.
Esto ya no.
Esto no quiero volver a leer.
Esto quizá lo vuelva a intentar algún día.
Y me parece hermoso que incluso un libro que no terminamos pueda dejarnos algo.
No le debemos el final a ningún libro
Quizá una de las cosas que más necesitamos recordar como lectores es que un libro no es una obligación.
No le debemos la última página a una historia solo porque compramos el libro.
No le debemos nuestro tiempo a una autora porque disfrutamos de otro de sus libros.
No tenemos que continuar una saga simplemente porque ya empezamos el primer volumen.
Y tampoco necesitamos justificar nuestro DNF frente a nadie.
Nuestra estantería no tiene que convertirse en una colección de trofeos.
Puede contener historias que amamos, historias que nos sorprendieron, historias que todavía queremos leer y también historias que abandonamos.
Todas forman parte de nuestra historia como lectores.
El libro que dejamos también se queda con algo de nosotros
Quizá por eso me gusta pensar que un DNF no es necesariamente una historia inconclusa.
Tal vez es una historia que terminó antes de llegar al final.
Terminó cuando nos dimos cuenta de que ya no queríamos seguir.
Terminó cuando elegimos otro libro.
Terminó cuando comprendimos que aquello que esperábamos encontrar no estaba entre sus páginas.
Y aunque nunca sepamos cómo termina la historia, nosotros sí nos llevamos algo de ella.
Una impresión.
Una decepción.
Una enseñanza.
Una nueva preferencia.
O incluso la certeza de que está bien cerrar un libro y decir:
“Esta historia no es para mí.”
Porque leer también consiste en elegir.
Elegir qué historias queremos dejar entrar.
Cuáles queremos conservar.
Cuáles queremos volver a visitar.
Y cuáles podemos dejar atrás sin sentir culpa.
A veces abandonar también es una forma de cuidar la lectura
Quizá necesitamos dejar de pensar en los DNF como libros que “perdimos”.
Quizá algunos simplemente cumplieron su propósito.
Nos mostraron un género que no era para nosotros.
Nos hicieron descubrir qué buscamos en una historia.
Nos enseñaron a escuchar nuestro propio ritmo como lectores.
Y, sobre todo, nos recordaron que leer debería seguir siendo algo que elegimos hacer.
No una obligación.
No una carrera.
No una lista de pendientes interminable.
Porque hay demasiados libros esperando ser descubiertos como para sentirnos obligados a terminar uno que ya no nos está dando nada.
Así que la próxima vez que abandones una lectura, quizá no tengas que pensar:
“No pude terminarla.”
Quizá puedas pensar:
“Esta historia llegó hasta aquí conmigo.”
Y eso también cuenta.
Porque aunque no hayamos llegado a la última página, ese libro también forma parte de nuestra historia como lectores.
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